COMENTARIO SOBRE LA DROGA Y EL ROCK

Por Jorge González Solano

El oído observa lo que los ojos no oyen

La música es arte, hay que repetirlo. Y el arte trata de enfocar la voluntad del que lo crea. Es el arte la subjetividad misma por antonomasia. Los hay que se generalizaron llegando a tomar nombres y reconocimientos como la pintura, la literatura, el cine o la fotografía. Pero también es arte cualquier síntoma de expresión que se materialice para dar algo mismamente perceptible. Pondré como ejemplo un subgénero del rock que da nombre a las acciones catastróficas de las drogas como es el “Acid rock”. Y al grupo “Iron Butterfly”, más concretamente, para explicar todo el entramado que diferencia un tipo de arte y, dentro de este, un estilo u otro.

Un día, Ortega y Gasset llegó a la conclusión de que las palabras limitan nuestros pensamientos y emociones. Quizás por eso haga falta algún sentido más que la vista para comprender otro pequeño porcentaje de lo que queremos expresar, el oído, o incluso una mezcla de los dos, la sinestesia. Esto es posible con los efectos que provoca el LSD, bastante relativos según la dosis y la persona que lo consume. Entre las causas, una alteración de la realidad, espacios cóncavos y ondulados, escasa percepción de la velocidad, y la mencionada sinestesia. Esta era la moda de los años sesenta y setenta. La mayoría de los jóvenes pasaban los días viviendo en otro mundo que la droga les había creado. Iron Butterfly, en su tema, In-A-Gadda-Da-Vida, traspasa las vivencias y síntomas a las melodías y a los ritmos. El tipo de música se caracteriza por recrear un ambiente que iguala o intenta imitar las mismas sensaciones. El tema comienza con un riff  o esquema de guitarra y bajo que se repite durante toda la canción acompañado de un psicodélico órgano que juega con unas melodías de tonalidad menor y donde no respeta unas escalas con sus tonos y semitonos habituales. Los estruendos y distorsiones amplificadas evocan esa confusión paranormal que perturba un orden correcto de las cosas. Esta representación musical de los instrumentos no solo se vuelca en la forma, sino también en los atuendos que llevan los intérpretes en el escenario así como el comportamiento propio de una persona que haya ingerido este tipo de droga.

En definitiva, y como decía, el arte trata de hacer comprender, de cualquier manera, lo que se quiere ver. No importa la estética, la moda, la reacción positiva o negativa. Importa exteriorizar la emoción con el menor margen de error posible, es decir, una decodificación perfecta.

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