OPINIÓN: LA SOPA ESTÁ CALIENTE, LA ÉTICA CONGELADA

Por Ángel de Jesús Cívico González

Ajouter es un niño de cuatro años. A diferencia del resto de infantes de su edad, ya no ríe, ya no juega, sólo tiene hambre. Sin embargo, tampoco derrama lágrimas, ha aprendido que este mecanismo no le proporcionará alimento. Cuando era más pequeño, lloraba desconsoladamente todo el tiempo, esperando a que su madre viniese a alimentarlo, pero ella, agotada, no disponía de los medios para hacerlo. A su muerte, Ajouter dejó de gemir. Su mirada es grisácea, más típica de un hombre anciano que de un chiquillo. Es consciente de su hambruna, pero también lo es de que pronto cesará. De que pronto terminará todo.

Fotografía de niños somalíes. Fuente: http://hogar-verde.com

Fotografía de niños somalíes. Fuente: http://hogar-verde.com

Este breve relato es ficticio, es altamente improbable que Ajouter exista tal y como ha sido reflejado; no obstante, sí que es factible que la situación de este niño la estén padeciendo miles y miles de infantes en todo el mundo, y peor aún, no es solo probable, sino real. Y lo sabemos. Durante décadas los medios de comunicación nos han bombardeado día tras día con datos y cifras de las muertes de niños en países subdesarrollados a causa de la hambruna, que ha sumado trece mil millones de víctimas en el último año.

Desayunamos, comemos y cenamos con fotos de niños desnutridos a las puertas de la defunción. Pero nos hemos acostumbrado. Una nueva noticia acerca del tema no nos sobrecoge, no nos ponemos en pie de guerra ante el orden mundial que no erradica el problema; continuamos sentados en el sillón al recibir la noticia de que han aumentado el número de muertes por falta de alimentos en Somalia.

Sin embargo, las manifestaciones y actos de rebeldía –incluso pasivos- son numerosos ante una noticia que, aunque nos afecte de forma tan directa, no debería tener ni una cuarta parte de las dimensiones que tienen las muertes de niños cada día, como es el cierre por parte del FBI del portal web Megaupload. Dejando aparte consideraciones de lo apropiado o no de la medida tomada por la agencia estadounidense, es chocante observar todos los movimientos que ha generado la noticia en la red, convirtiéndose el tema en trending topic mundial y en el asunto más buscado a través del buscador de Google en España. Así como dando pie a actos como los perpetrados por Anonymous. Citando una sentencia de una famosa serie de televisión norteamericana: “¿Es que nadie va a pensar en los niños?”.

Algo está ocurriendo en nuestra sociedad cuando algo así tiene lugar. ¿A qué han quedado reducidos los valores? ¿Es incapaz el ser humano de sentir empatía? ¿Sólo le preocupa aquello que le afecte directamente a su encorsetada vida diaria? Preguntas de compleja respuesta, pero quizá no sea en estos momentos tan descabellado pensar en las ideas que Orwell planteó en sus obras, al contemplar una sociedad futura que no sea capaz de sentir.

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