OPINIÓN: PAPEL DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN EN LOS PROCESOS JUDICIALES

Por Míriam Fernández Mata

El periodista dice: ¡Culpable!

No es un gran descubrimiento decir que los medios de comunicación poseen un increíble,  majestuoso, extraordinario, sobrenatural y casi invencible poder a la hora de generar opinión pública. Obviamente, de estos juicios de valor o análisis críticos de la realidad no se escapan los procesos judiciales. Interaccionan así dos disciplinas sociales: el periodismo y el derecho. Y su relación, aunque cordial en apariencias, genera vendavales internos que ni los mejores meteorólogos podrían predecir.

Es evidente que a la hora de juzgar y decidir, la opinión hecha pública tiene influencia sobre el juez del caso en cuestión. La presión que pueden ejercer los medios de comunicación a través del seguimiento de los procesos judiciales es brutal. Estamos hablando, pues, de los juicios paralelos, aquellos que realiza la prensa aprovechando de forma extraordinaria la potestad que se le otorga en el artículo 20 de la Constitución Española: la libertad de información. Sin embargo, muchos son los que no se plantean en esta cuestión otro artículo de igual valor recogido en la mismísima Carta Magna: el artículo 24. En éste se hace referencia a la presunción de inocencia. Lo que se podría resumir en la máxima: “Toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario”. En teoría, esta presunción de inocencia sólo puede caer con la sentencia definitiva. En la práctica, la presunta inocencia de muchas personas se desmorona ante informaciones tendenciosas y sensacionalistas que destruyen vidas de siempre presuntos culpables.

Entonces, ¿qué hacen los medios transmitiendo información sobre casos en los que las personas no han sido siquiera imputadas? Hasta que no se abre juicio oral la prensa ni siquiera tiene acceso a la información referente a un caso que se encuentra en un momento previo, la fase de instrucción o sumarial. Ciertamente, los medios informan hasta sobre los secretos de sumario. Algo falla, claramente. Las filtraciones corren por los teclados de los periodistas a la velocidad de la luz y con ello el proceso penal se ve gravemente afectado.

Al hilo de esta cuestión es muy recomendable el libro El honor perdido de Katharina Blum, de Heinrich Böll. Dicha novela narra la historia de una joven trabajadora que al mantener una relación amorosa con un hombre buscado por robo y asesinato ve truncada su vida. En el libro, la prensa realiza un seguimiento exhaustivo de la vida de Katharina, así como de su entorno más cercano. Los interrogatorios se filtran y Blum aparece en las portadas del periódico más importante como cómplice del bandido. La presión ejercida por los medios es capaz de acabar con la integridad y la moral de la supuesta malhechora, que pierde la razón y la cordura y mata al periodista que escribía sobre ella. La exageración de esta trama responde a una crítica feroz hacia un esquema de prensa “amarilla” y sensacionalista donde se busca lo llamativo y escandaloso por encima de todo. Los juicios mediáticos alimentan el hambre voraz de muchas personas, pero también dejan sin respiración a otras muchas.

¿Libertad de expresión y presunción de inocencia son compatibles? He aquí el dilema que parece que los medios de comunicación temen abordar. Un modelo en el que los juicios paralelos trastornan y perjudican a personas que no han sido declaradas culpables y que condicionan el pensamiento de los juzgadores no parece ser el perfecto.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s