ANÁLISIS: Recortes injustificados en la Universidad Complutense

Por Juan Carlos González Pérez

En una situación económica tan convulsa como la nuestra, los políticos buscan recortar en los sectores que menos lo merecen. Los colegiales del Cisneros, histórico Colegio Mayor de Fundación Directa de la UCM llevan un par de años denunciando la dejadez por parte de la Complutense de su hogar, en el que viven y conviven. Para la Universidad más numerosa de España, los Colegios Mayores son “centros universitarios idóneos para complementar la formación recibida en las aulas en los que el estudiante con inquietudes encontrará un lugar adecuado para desarrollar sus aficiones proyectándolas al servicio de la comunidad universitaria y de la sociedad”. Son por tanto “edificios que hay que mantener, optimizar y dinamizar” como dijo el rector José Carrillo en una visita al Colegio Mayor Teresa de Jesús.

Los Colegios Mayores son Centros de formación educativa y cultural. Fuente: Juan Carlos González Pérez

La realidad es que las instalaciones de esos edificios son deplorables. Espacios del Cisneros como el comedor se encuentran sin funcionamiento además de la reducción en el número de limpiadoras y de turnos de limpieza mientras que la Complutense sigue ingresando dinero y aumentando incluso el precio de cada uno de los residentes.

Para muchos, los Colegios son hogares de “niños ricos y sin problemas económicos” siendo un argumento muy utilizado para desviar la atención que merecen estas opciones de habitabilidad de estudiantes de provincia, muchos de los cuales tienen detrás a familias que se esfuerzan por pagar a sus hijos un Colegio donde poder vivir, estudiar y desarrollar determinadas actividades.

No solo el comedor y no solo el Cisneros. Los Colegios que rodean al anteriormente citado, están en pie de guerra por “no disponer de dinero para ninguna actividad cultura, deportiva, etc.” alegando “la congelación de cuentas por parte de la Administración de los Colegios Mayores” como denuncia Pablo Pérez, colegial del Cisneros. Los colegiales entienden que el contexto económico no es favorable pero si de verdad la pluralidad de actividades académicas, culturales y sociales constituyen un pilar de los Colegios Mayores, deben por tanto mantenerse en buen estado y no derivar en una dejadez que ronda la sinvergonzonería por parte de las instituciones que abogan por una “gestión adecuada” de dichas instituciones.

COMENTARIO: MARGIN CALL

Por Míriam Fernández Mata

El origen de la crisis hecho película

Margin Call pretende hacerse eco de las causas de una crisis económica que se ha convertido, sin haberlo pedido, en compañera inseparable de desgracias.

Ha aquí una breve sinopsis de lo que supone esta interesante película:

Uno de los mayores bancos del mundo cae ante la burbuja financiera creada por la propia entidad. El valor de los activos de la firma era insignificante y al ser vendido a muchos compradores por una  módica cantidad se ha arrastrado el problema a todo aquel inversor. Se prevé que tal acción mate al mercado durante años.

La naturaleza del problema viene dada por la gestión de la firma en los últimos meses. Al hacer paquetes de productos que vendían con valores muy diferentes, generaban enormes beneficios. Para llevar a cabo las transacciones, la empresa emplea un mes, por lo que se mantienen los activos en los libros más de lo aconsejable. Esto es un problema, ya que esos valores son hipotecas, y a mayor apalancamiento, mayor perfil de riesgo. No obstante, este sistema permitió durante mucho tiempo que no saltaran las alarmas.

La investigación de Eric Dave, completada por el analista de riesgo,  Peter Sulivan, puso en entredicho la gestión de la firma. Las indagaciones de los empleados confirmaban que los índices de volatilidad en los que se apoyaba la empresa habían sobrepasado los límites. Las consecuencias son alarmistas a la vez que desastrosas. Por ejemplo, una bajada de los activos de un 25% se traduce en una pérdida que sobrepasa el valor de la propia entidad.

El importante banco estadounidense se ha librado de valores y activos en apenas unas horas para poder liquidar al día siguiente. Se incentivó a los pocos trabajadores que quedaban en la firma a vender exitosamente los paquetes que quedaban a cambio de una generosa recompensa económica. Del éxito de esta operación se deriva la destrucción de muchos. Desde luego, este podría ser el fin de Wall Street.

Aquí se puede contemplar el tráiler del filme:

Fuente: www.youtube.com

Investigación. ¿Es el mundo un lugar más seguro ahora que durante la Guerra Fría?

Por María Díaz Valderrama

El enfrentamiento que tuvo lugar entre 1945 y 1991, entre las dos potencias del momento, EEUU y URSS, conocido como “Guerra Fría”, alcanzó niveles de crisis política, tecnológica, militar, cultural e incluso económica, pero ninguno de los dos bloques llegó a tomar nunca acciones directas contra el otro. El motivo de esta situacion de no-ataque venía de que ambos paises sabían que la ofensiva al enemigo, con el uso del armamento nuclear podría llegar a suponer la autodestrucción, ya que los niveles de alcance eran muy elevados.

Como ejes influyentes de poder en el contexto internacional, cada potencia integraba a una serie de paises aliados, con lo que el ataque a uno suponía la respuesta de alguno de sus “socios”. De esta forma ambos bloques permanecieron durante casi cincuenta años inmoviles, pero continuamente coaccionados ante las presiones enemigas y llevando los enfrentamientos a otros territorios.

 

Antes de empezar con la comparación de la seguridad, para hacernos una idea de lo que podría haber sido la tercera guerra mundial (y además nuclear), hago referencia a un dato oficial. Al final de la Segunda Guerra Mundial, con la bomba atómica que Estados Unidos lanzó sobre Hiroshima y Nagasaki, murieron en apenas unos segundos 150 mil personas, otras 280 mil quedaron heridas, traumatizadas o con secuelas, incluso sus descendientes. Ni siquiera en los peores antentados terroristas actuales, los lúgubres 11S o 11M, se han producido un número igual de victimas. Es decir, la amenaza nuclear podía dar lugar, en pocos instantes, a millones de muertos, heridos y graves secuelas durante años. La amenza terrorista es permanente y continua pero su poder de destrucción en cada atentado es muchísimo menor.

El siglo XX, fue el de la guerra a muerte entre lo que podríamos llamar “sociedades libres” y los totalitarismos fascista y comunista y según ésta misma comparación, el siglo XXI será el de la confrontación entre el terrorismo de los movimientos fanáticos (nacionalistas y religiosos) y dichas “sociedades libres”.

Por una parte, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta la caída del Muro de Berlín, el miedo de la población hacía referencia a la amenaza nuclear del bloque enemigo, pero como he dicho antes, un ataque supondría la respuesta del enemigo y a fin de cuentas la autodestrucción, era una amenaza muy grande con demasiada destrucción como para llevarse a cabo. Quizás uno de los momentos de mayor crisis, o los que más han trascendido hasta nuestros días, son la famosa “Crisis de los misiles” y “el Bloqueo de Berlín”. A pesar de ésto, todo quedaba aquí, en miedo y sensación de inseguridad, por supuesto una inseguridad que de haber recibido los ataques esperados hubiera supuesto la destrucción de gran parte de la sociedad.

En la actualidad, las medidas de seguridad cada vez son mayores (al menos de cara al público) y éstas llegan a tal extremo que hoy día rozan el ridículo, pero lo hacen porque tras los acontecimientos de los últimos 10 años, no es exagerado decir que la paranoia se ha adueñado de muchos civiles.

El atentado del 11 de Septiembre, con la caída de las Torres Gemelas de Nueva York, es al siglo XXI el comienzo de una situación, como la Caída del Muro de Berlín en 1989 fue el final de otra. Desde entonces, está en la mente de la mayoría de los ciudadanos occidentales que aquel ataque a la mayor potencia mundial fue el comienzo de una serie de atentados en los que ninguna ciudad puede quedar librada. Es decir, ya nadie pone en duda, que así como ha sido posible volar las Torres Gemelas y el Pentágono el día de mañana un comando suicida puede hacer estallar, en cualquier rincón del mundo, un artefacto atómico que cause un millón de muertos.

Así ha sido durante éstos últimos años, como hemos podido ver en los atentados de Londres, Madrid, en el caso de Occidente, y en India, Marruecos y otros países en vías de desarrollo, cuya seguridad no ha acaparado la atención de los medios tanto como Occidente, a no ser que el atentado llegase a límites mayores.

En cualquier caso, en la actualidad, vemos que la principal amenaza para la seguridad es el terrorismo, ya sea por organizaciones religiosas o nacionalistas. Así que, aunque como decía antes la capacidad de destrucción sea mucho menor, la frecuencia con la que los atentados son llevados a cabo y la forma en la que cualquier medida de seguridad tomada por los distintos gobiernos es bulnerada de diez maneras distintas por los terroristas, me atrevería a afirmar que el mundo era en buena parte más seguro en la época de la Guerra Fría que ahora. Al menos los distintos gobiernos sabían en base a qué habría una reacción y sabían como evitarla en buena medida, en su propio terreno.

Puede que tratar el tema desde esa visión y esta forma de exponer los argumentos, tenga poca perspectiva de futuro, pues estoy teniendo en cuenta que han pasado 20 años desde el fin de la Guerra Fría y sé que no pasó nada, ya que lo que dicen en los libros es que durante esa época, “todo estaba parado”, “nadie movía ficha”. Pero lo cierto es que durante cuarenta años se llevaron a cabo numerosas operaciones de espionaje, se planearon nuevas armas y nuevas formas de destrucción, y las confrontaciones entre ambas potencias se hicieron a través de diversos países, como es el caso de Corea y Vietnam, donde murieron miles de civiles y soldados (lo que supuso una gran crítica al gobierno estadounidense). Siendo esta la situación, era más fácil sentirse inseguro y dar casi por hecho que algo acabaría pasando, y algo mucho más grave que la mayoría de los atentados terroristas que vivimos en la actualidad.

Sin embargo, también habría que tener en cuenta que en aquel momento había países excluidos de las tensiones, o más bien, países que tomaron la decisión de no intervenir en el conflicto, entre ellos España, que aunque vivía en situación difícil con respecto a la política nacional, a partir de los sesenta comenzó a estabilizarse. La prueba es que la mayoría de las personas que vivieron entonces siempre recurren a frases como “antes no había tanta inseguridad en las calles”, por supuesto, las dimensiones y el tipo de seguridad es distinto, pero al fin y al cabo viene a ser lo mismo. Y lo cierto es que, como digo, en otras medidas, con respecto a la seguridad de la calle, las estadísticas empeoran: hay más robos, más violaciones, numerosos asesinatos, etc.

También me gustaría resaltar la importancia de los medios en ésta cuestión, pues muchas veces se hace eco de noticias alarmantes que no llegan a realizarse y que suponen una sensación de inseguridad y miedo muy fuerte para la ciudadanía, como fue el caso de la famosa gripe A, de la cantidad de personas que dijeron que morirían a las que han muerto realmente hay una diferencia abismal (de 500.000 a 18.000), y así en una serie de cuestiones (atracos, terrorismo, asesinatos, enfermedades, sucesos de bandalismo…) que hacen que la población sienta mucha más sensación de inseguridad con respecto a lo que ocurre en el mundo.

Hace poco, Gregory Treverton, vicepresidente del Consejo Nacional de Inteligencia entre 1993 y 1995, declaraba en El País, “el terrorismo islámico, no es una amenaza existencial, como lo era la guerra nuclear con la URSS, pero es la cuestión de seguridad más importante por el factor azar. Pueden golpear en cualquier lado, en Atocha, Londres o Estados Unidos.” Esto me ayuda a explicar mi idea; el terrorismo no alcanza la magnitud de daño de una guerra nueclear a primera instancia, pero por otros factores, como es el caso de no saber donde van a atacar, la amenaza se multiplica, creando un ambiente de paranoia en ocasiones caótico.

 

Teniendo en cuenta éstos distintos aspectos, la conclusión más acertada me parece la más difusa: el tema de la seguridad está vinculado a las decisiones que en cada época o coyuntura se han tomado por los dirigentes políticos o responsables de gobiernos, es decir, por los hombres, por las personas y en definitiva por los intereses de unos y de otros. Visto así, tan inseguro era el tiempo de la Guerra Fría como el actual. Pero, como he ido diciendo a lo largo de la exposición, el motivo de miedo e inestabilidad desde 1947 a 1991 fue el motivo principal que sirvió para mantener la paz, al contrario que en la actualidad, donde todo es mucho más imprevisible y nosotros perdemos capacidad de enfrentamiento, pues como decía antes con otras palabras, “para cada nueva medida de seguridad, diez nuevas formas de romperla”.


BIBLIOGRAFÍA

 – Diversos autores, El mundo después del II de Septiembre de 2001 (Península, 2002).

 – Fernando García de Cortázar y José María Lorenzo Espinosa, Historia del mundo actual 1945, 1992. (Alianza Universal, 1991).

– Bruno Cardeñosa, El Gobierno Invisible (Espejo de tinta, 2007).

Historia del mundo contemporáneo (Anaya, 2006).

Gracias a Paco Ruiz, profesor de Historia, por su ayuda en este trabajo.

OPINIÓN: Fitureando la actualidad

Por Juan Carlos González Pérez

Fuente: Jaime Álvarez Gallardo

Una aparente Rose saluda a los turistas que pasan delante del stand de Irlanda en la Feria Internacional de Turismo de Madrid. Una de las sensaciones de los visitantes es esta réplica exacta de la proa del Titanic con actriz de época incluida. Foto a foto el Titanic luce imponente en las cámaras de la gente; la ocasión no es menos: se cumplen 100 años del hundimiento del famoso transatlántico. La bella joven, a pesar de la cotización que tiene, luce con un semblante extraño: encuentra menos agrupación de gente que en los pasillos del majestuoso barco. La crisis ha hecho que las visitas a la Feria se redujeran, como no y también los stands. Y no solo la crisis, ya que se ha notado la ausencia de la naviera Costa Cruceros. Rose mira a lo lejos los puestos de aquellas empresas que “responsablemente” controlan a los trabajadores y el funcionamiento de aquellos viajes de placer que disfrutan por los mares del mundo. De responsabilidad nada, el final de su viaje no fue nada placentero y no solo por fatídicos accidentes, sino también por la desatención de su tripulación.

La época actual a la que se transporta la pasajera del Titanic ha permitido que la tragedia de su viaje no se repitiera en dichas condiciones. La pregunta es si se sorprende porque hubiera ocurrido 100 años después algo semejante, o quizás no lo sabe. Lo cierto es que hechos así no deben trasladar a los ciudadanos del mundo un temor que les impida disfrutar de viajar. Ni la crisis, que en 1912 también diferenciaba los camarotes en clases sociales, puede permitir que el turismo se venga abajo. Porque, aunque hay que apretarse el cinturón y buscar viajes más baratos, nadie debe dejar a un lado los momentos de placer. Rose desea trasladarse muchos años más hasta la capital de España cada quincena de Enero, porque sabe que será visita obligada, haya o no haya Concordia en la actualidad. FITUR es así, lleno de sorpresas.

Investigación: Diferencias y similitudes entre la crisis de 1929 y la actual (II).

Por María Díaz Valderrama

Diferencias y similitudes entre la crisis de 1929 y la actual.

Tratando ahora las diferencias, hablamos sobre las medidas de proteccionismo de los clientes. En la crisis del 29, especialmente en EE.UU., no existía un sistema de cobertura social por lo que muchas personas pasaron de tener una vida acomodada a la indigencia. Los países que habían establecido con anterioridad, algunas medidas protectores (Reino Unido, Alemania, etc.) tuvieron grandes dificultades para atender los costes sociales derivados del paro masivo. El desempleo prolongado suponía verse abocado a la miseria. La mendicidad, los asilos de noche, y los comedores de caridad se multiplicaban en unos países acostumbrados a la abundancia y aterrados ante la situación. El contraste entre ricos y pobres era cada vez mayor y las diferencias entre los que conservaban el trabajo y los que lo habían perdido eran enormes.

 Además, mientras que en la crisis del 29 no hubo planteamientos rápidos de intervención de los estados para rescatar bancos o empresas, al menos, hasta el New Deal, ahora los Estados han intervenido inmediatamente para evitar las bancarrotas y se tiene conciencia por parte de las grandes potencias de que son necesarias actuaciones conjuntas.

Tanto en Estados Unidos, como en Europa especialmente, los sistemas de cobertura social permiten resistir, incluso a los que pierden su empleo. En España se han dado dinero a los bancos y se puso en marcha el Plan E con el objetivo de fomentar las obras públicas absorbiendo parados para realizar dichos trabajos, especialmente entre los sectores más afectados como el de la construcción. Algo parecido pasó en EE.UU. con Roosevelt, que hizo también grandes inversiones en obra pública. Los numerosos programas que pretendían crear empleo se lanzaron en 1933, y las reformas se encadenaron rápidamente. El New Deal también presenció la aparición de las primeras formas de Estado del bienestar en los Estados Unidos.

En los llamados “cien días”, un período de reformas de urgencia, se aprobaron más de quince leyes. Se trataba ante todo de proyectos más o menos improvisados enfocados a la mejora de la situación a corto plazo. Las reformas concernieron a todos los sectores, de la agricultura a la industria, particularmente por el sesgo de programas de grandes trabajos. Al mismo tiempo, vieron la luz proyectos de lucha contra el desempleo. En definitiva, dos millones de personas fueron contratadas.

 Quizás la rapidez de las respuestas estatales se haya debido a las numerosas quejas de empresarios y bancos, en definitiva, de los capitalistas, que después de haber demandado la no intervención del Estado, privatizando así los negocios para conseguir el máximo beneficio ahora la reclaman para solucionar con dinero público la pésima gestión que han llevado en los últimos años y que ha llevado a los países a este hundimiento económico sufrido, principalmente por los trabajadores.

Investigación: Diferencias y similitudes entre la crisis de 1929 y la actual (I).

Por María Díaz Valderrama

Diferencias y similitudes entre la crisis de 1929 y la actual

Existen numerosas teorías sobre los ciclos económicos, la más conocida, desarrollada por Karl Marx, señalaba que aproximadamente cada ocho años y medio el capitalismo registra una crisis. Estas oscilaciones cíclicas alternan prosperidad, crisis, recesión y reactivación y no ocurren simultáneamente en todos los países ni en todas las ramas de la economía.

La crisis del 29 supuso la más devastadora caída del mercado de valores en la historia de la Bolsa de Estados Unidos. Los intentos internacionales de arreglar la situación se alargaron hasta ocho años, afectaron a las principales potencias internacionales permitiendo a países, como España, menos industrializados, mantenerse ligeramente al margen. Pero con mayor o menor medida, esta crisis fue la continuación de un proceso cíclico, que es el capitalismo, y que ha visto depresiones económicas cada cierto tiempo.

Pero sin lugar a dudas, las mayores depresiones económicas las encontramos en el crack del 29 y en la crisis actual, una crisis internacional que envuelve de nuevo a las principales potencias y afecta a casi todos los países.

En mi opinión, ambas crisis guardan similitudes y diferencias, no podemos decir que sean iguales ni totalmente distintas.

Ambas crisis están causadas por especulación financiera. En 1929 la especulación era bursátil, el crack fue antecedido por un un boom especulativo que había surgido a principios de la década de 1920 y había llevado a cientos de miles de norteamericanos a invertir fuertemente en el mercado de valores, incluso se prestaba dinero para comprar más acciones. En 1929 los agentes de bolsa prestaban a pequeños inversores más de dos tercios del valor de las acciones que compraban. Se había prestado una cantidad mayor al dinero que circulaba en Estados Unidos en ese momento.

En la crisis actual, la especulación es sobre créditos hipotecarios. Toda la atención está centrada en la crisis financiera o hipotecaria, más conocida como crisis subprime.

El término subprime viene dado por un tipo de hipoteca que se presta en Estados Unidos para clientes de un elevado riesgo, es decir, clientes potencialmente insolventes a los que se aplica un tipo de interés mucho mayor que el del mercado. Este tipo de hipoteca, más conocida como hipoteca basura, supuso casi la mitad de las hipotecas contratadas en 2006. Los bancos, seguros de que en caso de que el cliente no pague recuperarán el dinero e incluso ganarán más por la subida de la vivienda, hacían préstamos hipotecarios con mucha flexibilidad. Sin embargo con la bajada de precios, al recuperar esos pisos perdían dinero, dinero que tenían que devolver a la Reserva Federal Americana o sus depositantes, con lo cual entra en quiebra.

Tanto en una como en otra, los bancos queriendo ganar mucho dinero de forma rápida no tomaron suficientes garantías para avalar los créditos que daban, en la primera incluso para comprar acciones que después se convirtieron en papel mojado.

Una de las similitudes más importante es que ambas han tenido repercusión mundial, han destruido empleo y han afectado a todo el sistema financiero.

En 1932 la cifra de parados ascendía a doce millones en EE.UU. Lo que suponía el 25% de la población activa. A este paro se sumó la ruina de millones de agricultores más la caída de los precios agrícolas. El aumento del desempleo provocaba la reducción de la demanda, lo que, a su vez, implicaba un descenso de la producción y un agravamiento de los problemas. En la actualidad, el paro es uno de los aspectos de la crisis que más preocupan y en el caso de Europa, España es uno de los líderes en el porcentaje de población desempleada con casi un 20% de parados.

Un aspecto que también podríamos comparar, aunque resulte algo tétrico, es el tema de los suicidios. Son conocidos los suicidios que se dieron en la Gran Depresión, como las personas que se arrojaron por las ventanas de los edificios de Wall Street. En la crisis actual, son especialmente conocidos dos suicidios relacionados con la desesperación económica, ambos en Estados Unidos, uno de ellos un californiano que acabó con su vida y con la del resto de su familia.

Además, a pesar de que han sido muchas las crisis durante el siglo XX, ya sea del tipo que sea, ambas son de ciclo largo, es decir, la recuperación no se realiza a corto plazo, e incluso puede que en esta también haya recaídas en poco tiempo (se espera una nueva caída, de menos dimensión, en 2012 aproximadamente).

La segunda parte del artículo se publicará próximamente.